Mar. Jul 14th, 2020

¿Y sí le abren los micrófonos?

Columna de opinión
Por: Carlos Portillo
De tropezón en tropezón anda el proyecto que instauraba las 16 nuevas curules en el Congreso de La República conformada por víctimas del conflicto armado. Una bofetada más al aporreado y apesarado proceso de paz.

Por: Carlos Portillo

De tropezón en tropezón anda el proyecto que instauraba las 16 nuevas curules en el Congreso de La República conformada por víctimas del conflicto armado. Una bofetada más al aporreado y apesarado proceso de paz.
Con el fin de garantizar los derechos de las víctimas del conflicto armado, se daría inicio a la creación de 16 circunscripciones especiales, estos serían Diputados a la Cámara y estarían conformados por comunidades vulnerables víctimas del conflicto armado: campesinos, indígenas líderes sociales y afrodescendientes.  Acordado quedó en el bipartidista convenio establecido por el Gobierno y la exguerrilla de las FARC. Entre tanto, esta semana en el Congreso de La República, estalló de nuevo el detonante de las mencionadas curules. El resultado acertó la acostumbrada predicción: la repetitiva caída de esta cuestionable y punzante iniciativa. ¡Garrafal litigio!
¿Por qué algunas bancadas insisten en tumbar este nuevo propósito? ¿Es redundante e innecesario que estas enmudecidas voces se pronuncien en las diversas plenarias? Parece que las respuestas a estos interrogatorios son evidentes para algunos caudillos políticos que se amanceban en su fango, ellos, quienes se oponen tajantemente a la inclusión de manera consecutiva, siguen al acecho para derribar esta atrofiada modificación que se haría en el Capitolio Nacional.
De la misma manera, tal como se había acordado en el proceso de paz, se creó la Jurisdicción Especial para la Paz, tribunal destinado a convalecer víctimas y victimarios; por ello, se debería entonces proceder a la instauración de los Diputados a la Cámara. Todo esto fijaría el contraste del rol protagónico de los dolientes, dando participación a supervivientes estremecidos por ecos aturdidores con olor a guerra.
“Nadie sabe las goteras de su casa, sino quien vive en ellas” por esto es justificable y aceptable la participación de las víctimas del conflicto armado en la sala de los integrantes de la rama legislativa, pues ellos tendrán la compleja misión de ser la voz de episodios mutilados y pasados por sangre. Por lo tanto, la consigna a la contribución de estos líderes vendrá con principales factores que han marcado su memoria sacudida por la guerra. Víctimas de desplazamientos forzados, víctimas del flagelo del secuestro, poblaciones aisladas que fueron blanco de masacres, comunidades devastadas por la disputa de predios, ciudadanos vulnerables por las secuelas de la minería ilegal, son algunas de las voces que deberían incluirse en la extensa lista de congresistas. Sus voces deben ser oídas.
Entonces, Incidir en los acuerdos tratados en La Habana, es una falencia que el actual Congreso está ignorando, porque de ser así, se estaría haciendo trizas el acuerdo que tanto silencio ha hecho en los fusiles de las montañas colombianas.
A la incertidumbre quedan estos valientes ecos.
 
 

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