Sáb. Jul 11th, 2020

Lo que se hereda…que se hurte

OPINIÓN
La guerra civil desatada entre centralistas y federalistas desenlazó la abolición de las soberbias y dóciles creencias políticas, los desacuerdos y las múltiples diferencias entre el vulgo, el clero y la población, definió una rivalidad entre los compatriotas de aquella época.¡Sublime batalla!

Por: Carlos Portillo

Paradójicamente, la Patria Boba, no fue tan boba. La guerra civil desatada entre centralistas y federalistas desenlazó la abolición de las soberbias y dóciles creencias políticas, los desacuerdos y las múltiples diferencias entre el vulgo, el clero y la población, definió una rivalidad entre los compatriotas de aquella época.¡Sublime batalla!

El presagio contradictorio y ecuánime que floreció en los colombianos a mitad del siglo XIX con el nacimiento de las guerras civiles, donde internamente el conflicto dejó como resultado el génesis de los partidos políticos, este, a su paso, aniquiló, mutiló y derrochó descaradamente las raíces ideológicas dando paso a los extremos que hoy por hoy hacen presencia en el incrédulo y aporreado  panorama político.

De igual modo, el baluarte ideológico alzó vuelo luego del precoz y subjetivo Frente Nacional, a este le debemos la intemperancia y la probabilidad de apaciguar los desajustadas y atrofiadas diferencias políticas. No contentos con la polarización que los“godos” y “cachiporros” acostumbraron a esta nación, se rehusaron al nacimiento sugestivo de nuevas propuestas que darían un vuelco a la musitada situación gubernamental.

Seguidamente de las secuelasque dejó el narcotráfico embardunado con la política en la década de los 80, permitió que se colara el linaje de algunos partidos políticos, uno de ellos exterminados por opositores que ponían a tambalear la amañada costumbre política, y así se desgarra el legado que heredamos de El Libertador y El Hombre de Las Leyes. Entre tanto, con la llegada del polémico nuevo milenio, la polémica política también se hizo sentir; la aglomeración de posturas y tintes políticos crearon unas vertientes que persuadieron la credibilidad de sus orígenes. Sin embargo, los escándalos untados de corrupción y almíbar trajeron el desencanto político a sus fieles votantes.

Hoy por hoy, se evidencia el gran daño que estos caudillos políticos le han hecho a nuestro país. Tanto así, que la guerra de lo mil días es reflejada en el comportamiento de los fanáticos polarizados que insisten en la defensa de sus líderes, así sean de dudosa honorabilidad, como lo cuenta la historia de esta perniciosa tragedia. Ahora bien, si juntamos los recuerdos inéditos que a su paso dejaron los enfrentamientos entre los devotos de este bando, y los del otro; se puede concluir que estas coaliciones han desgastado y hastiado las verdaderas raíces ideológicas.

Para concluir, se refirma que la pandemia que brotó y se expandió por toda Colombia en los años 1800, sigue propagándose en esta enferma nación punitiva que quien sabe cómo y cuándo encontrará la dosis adecuada para el fanatismo que es inmarcesible.

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