Mar. Jul 14th, 2020

Por: Carlos Portillo

“Navidad que vuelve, tradición del año. Unos van alegres y otros van llorando” consigna que reiteradamente se reproduce en la temporada más colorida del año. Navidad: época que deja un singular de emociones, arrastrando consigo un sabor agridulce en aquellos que con una dicha indomable celebran al mejor son la llegada de esta vociferada época. Navidad: período jocoso adornado de luces, árboles y pesebres. Navidad: tiempo de reflexión, regalos y comida. Esa es la navidad, la apodada “época más bella del año”

Descaradamente, la factura decembrina tolera las pendencieras manías que nos acreditan a nosotros los colombianos. Desde la exótica mezcolanza de natilla y buñuelo, hasta los suculentos tamales, van cargados con un ingrediente lancinante que  nos permite el despilfarrar ilimitado, más aún; si abastecemos las necesidades culturales en la compra de nuevas prendas de vestir y regalos que apacigüen los lazos de un año más de aprecio. El consumismo decembrino se ha anidado tanto en nuestra morada, que es inevitable dejar de contagiarnos por estas estridentes y aturdidoras costumbres. Caprichos mercantilistas que rebozan y hostigan el tintineo consumista.
La opulencia que de manera extraña brota en diciembre, permite que los consumidores compren una ilusión y sientan gratificación al recibir una maquillada sonrisa. Pero ¿Por qué esperar 11 meses para comprar la alegría de un niño que carece de necesidad alimentaria o entretenimiento en un juguete? ¿Por qué nos empeñamos en la forzada unión familiar solo en diciembre? ¿Por qué somos perniciosos y folclóricos al oír las contagiosas y empalagosas melodías con temática navideña? ¿Tan esclavos estamos del mundo, que ansiamos fin de año para saldar cuentas donde la conciencia frecuentemente nos recuerde nuestras faltas? Qué lástima que diciembre no nos dure todo el año, con eso dejamos a un lado la sevicia, el hosco y el hostigamiento que cultivamos desde enero hasta noviembre.
Paralelamente y adhiriendo un poco más de visibilidad a esta desdibujada, alegre y estrafalaria época, se debe mencionar el masivo consumo de bebidas alcohólicas ¡Qué más que un par de tragos para amenizar el jolgorio decembrino! justificable para algunos de los consumidores que amangualan sus deseos navideños con este tipo de bebidas. Lo que escandaliza y abruma, es la combinación de esta bebida con el volante, porque si de hablar de eventos lamentables y apesarados son los accidentes de tránsito. Adicional a esto, se debe mencionar el inminente daño  que deja la manipulación irresponsable por pólvora. ¡Reprochable, cuestionable y decepcionante forma de festejar!
Entonces, con un panorama verídico y poco criticado, se puede creer que diciembre es más que una firme representación ideológica que de niño nos han inculcado: papá noel y un árbol tupido de luces, son apenas algunas motivaciones que predeciblemente perduren solo un mes; por lo tanto, se puede alardear  que diciembre es más que un seudónimo de paz, de alegría, de regalos y festejos. Así que no está de más extender este conjunto armonioso hasta el próximo noviembre.
 

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