Sáb. Jul 11th, 2020

Del amor al hedor

OPINIÓN
Por: Carlos Portillo
Se debe amar la tierra, las autóctonas costumbres, la diversa fauna, los extensos y fértiles terrenos y los exuberantes caudales de nuestra hidrografía para luchar incansablemente por una consigna que el estruendoso viento arroja y estrella en el olvido de sus féretros.

Por: Carlos Portillo

Se debe amar al indígena, al campesino, al homosexual, al de color oscuro, al defensor ambiental, al protector de animales y al defensor de derechos humanos para ser intercesor entre los crápulas gobiernos y la comunidad que asediada de señalamientos y prejuicios, se resiste a la idea de vivir libre y segura como los ecos del ímpetu de sus territorios. Se debe amar la tierra, las autóctonas costumbres, la diversa fauna, los extensos y fértiles terrenos y los exuberantes caudales de nuestra hidrografía para luchar incansablemente por una consigna que el estruendoso viento arroja y estrella en el olvido de sus féretros.
Se debe anhelar ver el juguetear del agua chocando con las piedras para hacer resistencia a los grandes negocios que las élites gubernamentales fijan con magnas empresas  mineras. Se debe venerar el territorio para ser la voz de un pueblo, para tejer la existencia de regiones vulneradas de este país. Se necesita estimar el color de la mañana para palpar la fibra indefensa de los que no tienen voz, así estos connoten su silencio.
Se debe querer la biodiversidad y los recursos naturales que este país nos brinda para construir una nueva nación; para sembrar cultivos lícitos y cosechar la dulce satisfacción de la paz. Se debe estar enamorado y encantado por el color de las aguas de esta nación para que la identidad comunitaria prevalezca, evitando la circuncisión de derechos humanos.
Seducido debe estar un adalid para que crea una vez más en una nueva Colombia que le ha apostado a la integración de comunidades víctimas del conflicto armado. Se debe adorar con lujuria esta tierra para alejar los fantasmas de la guerra que insisten y persisten en adherirse en las comunidades.
Se debe ser marginal para que algunas de las declaraciones de los Ministros de turno, que son delegados por el Presidente de la República para diseñar acciones que den protección a estos defensores se jacten con despectivas y erróneas afirmaciones señalando sus homicidios como  “altos riesgos medibles” o “líos de faldas”
Se debe ser cruel, pillo y perverso ciudadano para apuntar y descargar toda una ira repleta de plomo penetrando y acabando la sensibilidad de un caudillo apasionado por sus selvas, por sus raíces, por sus montañas, por sus ancestros, por su tierra natal, por su compromiso insaciable con su nación y su responsabilidad con la comunidad.
Se debe ser un hampa, un desalmado, un mezquino para festejar y justificar con baratos y precarios argumentos los fatídicos y constantes asesinatos a líderes sociales.

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